jueves, 16 de abril de 2015

Lo has vivido antes.

Por eso sabes bien lo que es quedarte callada, muda, incapaz de pronunciar una palabra. Para no hacer de las frases minas antipersona, pero también para no pedir más de la cuenta y para ver si con algo de dulzura y bastante más paciencia esa desazón horrible quiere desaparecer y dejarte en paz de una vez por todas.

Conoces la sensación.

Te recuerdas a ti misma en su casa, con él por ahí al lado trasteando, y tú tan absolutamente triste (y mira que le querías) que llegabas a quedarte paralizada. Y te miraba preocupado y tenías que hacer esfuerzos sobrehumanos para lograr sonreírle. Luego os metíais en la cama y tú, en vez de dormir sobre un colchón, lo hacías -tarde y mal- en un maldito mar de dudas. nada nunca es tan grave, que al final por duro que sea siempre se marcha. Queate no termina. ar a boicotear tus propios sentimi

Vaya si la conoces.

Es más: sabes perfectamente que en el momento exacto en que cruces la puerta para irte (eso que llevas tanto rato necesitando hacer) te vas a morir de pena. Porque es tu monstruo, ha estado contigo siempre, y ellos rara vez lo han merecido. Pero así va: por más que lo intentes matar el muy cabrón siempre vuelve y la historia, nietzcheana, se repite.

Es así, y siempre lo fue.

Estabais en Cadaqués, era San Juan y podría haber sido perfecto. Granada ahí, como un sueño, solo un par meses antes. El barco que era una fiesta y él metido en el agua por primera vez en años solo porque tú nadabas al lado. Pero ni por esas. Ahí estabas tú toda esquiva e intratable, y lo que es peor: incapaz de dilucidar por qué. Todavía no has llegado a perdonártelo.

Lo has vivido antes.

Precisamente por eso te lo repites. Que tu autoexigencia atroz solo debería valer contigo. Que nada es nunca tan grave y que al final, por duro que sea, la bestia siempre se marcha. Que su manera de hacer las cosas también vale y que, si hay algo en ti que boicotea lo que sientes, tú tienes que ser aún más firme. Que tu manera inconsciente de ponerte a prueba puede ser despiadada, implacable; pero también es la mayor razón para que tú lo seas todavía más.

La maldita historia de tu vida.

Cómo ibas a afrontarla si no era por escrito.

No hay comentarios.: