Ser un poquito más seria.
Intentar escribir algo cada día
y no conseguirlo
pero pensar
aquí no se rinde ni dios
y este partido
no lo voy a perder ni loca.
jueves, 25 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
etcétera.
de las teorías salvajes de una tal señora de las alturas, de alguien que entona al oído un qué bonita eres, de la maldición de ezequiel, de los amaneceres peor para el sol, del sexo de los ángeles que te hacen cerrar los ojos de ganas de verles, sin ser manía ni locura ni esa curiosa debilidad por un capitán llamado ahab, de las cosas que hacen bum, de los incendios cuando nos juntamos y también de los nevados, de los que sin saber cómo, se acaban atreviendo, de sisifó en sus terrenos impracticables, de la gotera del techo (que alguien venga a repararla de una puta vez), de lo que alumbran siete faroles, de lo largas y penosas que se hacen las carreteras, de los fuera de juego evidentes, de los caminos que seguro que no llevan a casa, de los que dicen 'no habrá más reproches' y de los que prometen conciertos tan largos que jamás te harán daño otra vez, de las bombillas azules, rojas y amarillas, de los epílogos más epílogos del mundo, de los asedios, de los impermeables azules y los hoteles neoyorquinos y los días y las noches y los mares...
y de todas las demás cosas que me gustaría haber escrito yo también.
y si esto no se parece a la primera bocanada de aire tras un coma
que baje dios
y lo vea.
y de todas las demás cosas que me gustaría haber escrito yo también.
y si esto no se parece a la primera bocanada de aire tras un coma
que baje dios
y lo vea.
martes, 23 de marzo de 2010
Ahora ya.

"Como una ave que voló/ de Madrid hacia Gijón/ aún herida de muerte."
Han levantado la calle donde amanecía sobre nosotros.
Hoy la calle es una zanja
y ya todo está zanjado
-o es de otros.
Han cerrado el bar donde nos lo bebimos todo,
y era el único del pueblo,
y la gente del lugar hoy es abstemia y está más triste
-como siempre, ya lo sabes, qué bonito que estuviste.
Han alquilado la casa donde dormimos juntos una vez,
y sus nuevos habitantes
ni siquiera saben lo que es quererse como dos animales maltrechos, ajados y heridos
-no saben, criaturas, que viven como dormidos.
Se ha jubilado la mujer que nos regaló un cuadrito aquel día
y hoy se pudre ante el televisor
- justo ella, la que decía
que nunca sería mayor.
Y aún así tenemos memoria
tenemos amigos
tenemos abrigos
enormes corazones
vasos de chupito,
un par de piernas, mil estaciones
tu santo pasotismo
y mis señores gritos
y tenemos Madrid y Gijón y Polonia
doscientas grandes canciones
y ya casi es primavera...
así que espera...
martes, 9 de marzo de 2010
Fila 7
"Maldito baile de máscaras,
pólvora de la mañana..."
Noches de creer en la suerte
y en los mismísimos reyes magos
noches de ir a soñar durmiendo
de yo sé lo que me hago
y por eso te estoy queriendo
todavía.
Taxis que no son ambulancias
sino enormes limusinas
negras rojas y amarillas
y ese tipo te sonríe
vamos, anda, tira millas,
que el semáforo ha cambiado,
y tú le muerdes con cuidado
de propina.
Noches de incendios de nieve
y ganas de volar en la platea
no te asustes, toma, bebe,
la belleza es tan infame
tan sobrecogedora tan redentora
tan maldita tan señorita y tan sublime
que te invade
te devora
y te marea.
pólvora de la mañana..."
Noches de creer en la suerte
y en los mismísimos reyes magos
noches de ir a soñar durmiendo
de yo sé lo que me hago
y por eso te estoy queriendo
todavía.
Taxis que no son ambulancias
sino enormes limusinas
negras rojas y amarillas
y ese tipo te sonríe
vamos, anda, tira millas,
que el semáforo ha cambiado,
y tú le muerdes con cuidado
de propina.
Noches de incendios de nieve
y ganas de volar en la platea
no te asustes, toma, bebe,
la belleza es tan infame
tan sobrecogedora tan redentora
tan maldita tan señorita y tan sublime
que te invade
te devora
y te marea.
martes, 2 de marzo de 2010
alunizando más.
Persigo la disciplina y la suficiencia y una caravela huérfana y náufraga y tus ojos mojados y su nube negra y una semana maldita y te persigo a ti con todas las letras y la frase que aniquile a todas las demás siempre en la ciudad fantasma y la pesadilla más dulce y la cafetera y el plano detalle de todo esto y la voz y el dolor y cualquier cosa que haga que estas pupilas insomnes sueñen.
Tratado de supervivencia
¿Sobrevivir?
No dejarse llevar por el blanco sobre negro,
mientras haya tanto negro sobre blanco por delante.
No dejarse llevar por el blanco sobre negro,
mientras haya tanto negro sobre blanco por delante.
jueves, 25 de febrero de 2010
Sinsentidos.
Este sí va para ti.
No entiendo a qué venía esto ahora. No entiendo por qué no ponemos el modo relax, el modo vamos a pasarlo bien, el modo vamos a querernos un poquito ahora que la tormenta ya hace tiempo que pasó y luce el sol y los héroes ganan batallas y de los pechos cuelgan medallas y en los banquetes se comen perdices.
No entiendo qué necesidad de hacerlo difícil, de seguir mirando atrás y más atrás y al fondo y más al fondo, al lugar, y es innegable, donde más duele.
No entiendo por qué es tan difícil agarrarse a lo más bonito, a lo más cafre, a lo más auténtico, a lo más mágico. A lo más mítico. Y esdrújulo.
Claro que tienes razón. Somos chungos, pero lo somos en un plan dino petit-gremlin-frijolito que no nos puede quitar nadie. Y del que a pesar de todo podríamos estar orgullosos -yo, y ya sé que yo no es suficiente, lo estoy.
No entiendo.
No entiendo y me pone nerviosa.
No entiendo y me pone nerviosa pero lo respeto.
Y adelante, Bonaparte.
No entiendo a qué venía esto ahora. No entiendo por qué no ponemos el modo relax, el modo vamos a pasarlo bien, el modo vamos a querernos un poquito ahora que la tormenta ya hace tiempo que pasó y luce el sol y los héroes ganan batallas y de los pechos cuelgan medallas y en los banquetes se comen perdices.
No entiendo qué necesidad de hacerlo difícil, de seguir mirando atrás y más atrás y al fondo y más al fondo, al lugar, y es innegable, donde más duele.
No entiendo por qué es tan difícil agarrarse a lo más bonito, a lo más cafre, a lo más auténtico, a lo más mágico. A lo más mítico. Y esdrújulo.
Claro que tienes razón. Somos chungos, pero lo somos en un plan dino petit-gremlin-frijolito que no nos puede quitar nadie. Y del que a pesar de todo podríamos estar orgullosos -yo, y ya sé que yo no es suficiente, lo estoy.
No entiendo.
No entiendo y me pone nerviosa.
No entiendo y me pone nerviosa pero lo respeto.
Y adelante, Bonaparte.
lunes, 8 de febrero de 2010
La pena o la nada o el doble de todo esto.
Traga saliva, que esto va en serio.
Prueba a ponerte esa canción a toda hostia y dime que no te acuerdas de nada.
Ni de las sábanas impecablemente planchadas ni de las cortinas descorridas a propósito ni del baño con las cuatro paredes de cristal ni del si te pones así siempre me podrás pedir lo que quieras.
Sube el volumen. Un poco más. ¿Todavía no te acuerdas? ¿Y a quién quieres engañar exactamente?
Respira hondo, que esto no es broma.
Coge un avión y vete. Aterriza, alquila un coche, conduce -conoces de sobra la ruta- y dime que te has olvidado de todo.
Del jardín de las delicias descubierto por azar de los mojitos antes de la cena de las curvas más animales del mundo en la moto -no nos matamos pero nos morimos. O algo parecido.
O a lo mejor nunca estaremos más vivos que entonces.
Esfuérzate, valdrá la pena.
Pide otro whisky de los nuestros y dime que no eres capaz de oír ruidos, gemidos, despropósitos, alaridos.
Dale un trago y dime que no te atrincherarías ahí otra vez, en mitad de la nada, a enseñarme todo lo que has aprendido desde entonces. Un trago más largo, de esos que sientes bajar por la garganta hasta las entrañas, pasando por el rincón más oscuro del alma. Ahora dime que no eres capaz de oírme chillar como una posesa.
Pero dímelo sin temblar, mientras me tocas tan adentro de los ojos.
Prueba a ponerte esa canción a toda hostia y dime que no te acuerdas de nada.
Ni de las sábanas impecablemente planchadas ni de las cortinas descorridas a propósito ni del baño con las cuatro paredes de cristal ni del si te pones así siempre me podrás pedir lo que quieras.
Sube el volumen. Un poco más. ¿Todavía no te acuerdas? ¿Y a quién quieres engañar exactamente?
Respira hondo, que esto no es broma.
Coge un avión y vete. Aterriza, alquila un coche, conduce -conoces de sobra la ruta- y dime que te has olvidado de todo.
Del jardín de las delicias descubierto por azar de los mojitos antes de la cena de las curvas más animales del mundo en la moto -no nos matamos pero nos morimos. O algo parecido.
O a lo mejor nunca estaremos más vivos que entonces.
Esfuérzate, valdrá la pena.
Pide otro whisky de los nuestros y dime que no eres capaz de oír ruidos, gemidos, despropósitos, alaridos.
Dale un trago y dime que no te atrincherarías ahí otra vez, en mitad de la nada, a enseñarme todo lo que has aprendido desde entonces. Un trago más largo, de esos que sientes bajar por la garganta hasta las entrañas, pasando por el rincón más oscuro del alma. Ahora dime que no eres capaz de oírme chillar como una posesa.
Pero dímelo sin temblar, mientras me tocas tan adentro de los ojos.
sábado, 30 de enero de 2010
Costa Brava
A ellos, por haberse querido una vez.
Me acuerdo de cuando era pequeña y mis padres me llevaban en verano a un pequeño pueblecito de la Costa Brava catalana. Yo no debía de tener más de seis años, llevaba un vestido naranja de toalla y odiaba mancharme del chocolate de los helados que me compraban al volver de la playa. Recuerdo también que la casa que alquilaban no me gustaba nada porque tenía pocos muebles pero muchas ventanas y lo que es peor, no tenía tele, lo que me obligaba a perderme mis series favoritas (por aquél entonces infinitamente más dignas de lo que serían ahora). Y todas las mañanas compraban el periódico, y bajábamos a la playa, y muchos mediodías cuando nos moríamos de calor y ya eran más de las tres de la tarde nos íbamos a comer una paella en el restaurante más auténtico del pueblo, que desplegaba sus mesas a lo ancho y largo de la única plaza del lugar. Nos sentábamos al lado de franceses cincuentones, de familias con niños diversos que me miraban y de parejas a las que yo miraba curiosa, como preguntándome si alguna vez me pasaría a mí algo parecido, si alguien me miraría de la manera que el chico barbudo miraba a su chica que, dicho sea de paso, hacía top less en la arena. Y leía, sobre todo leía, mientras ellos hojeaban el periódico que habíamos comprado antes o veían el final de la correspondiente etapa del Tour, animando siempre al Pollo Pantani, que debe ser el único ciclista creíble que ha tenido la historia de la humanidad ciclista. Y luego por las tardes hacíamos excursiones a otros pueblos o íbamos a la compra o volvíamos a la playa, y por las noches cenábamos en la casa y luego salíamos a tomar una copa de tres bolas por lo menos, de chocolate y de café y no recuerdo de qué más. Y algunas de esas noches estaban en la terraza del bar los niños que me miraban, pero yo casi siempre prefería permanecer atenta a la pareja de hippies, que a esas horas ya se daba cada vez más y más besos.
Ahora me pregunto si aquellos veranos fueron felices y veo que no sé responderme. Quizás lo fueron para mis padres, el último rayo de sol antes de la marabunta que nos esperaba a todos. Y también pienso que ha llovido mucho y que la Costa Brava debe estar igual de bonita pero algo menos brava. Y me doy cuenta que efectivamente, alguien me ha mirado alguna vez como el barbudo miraba a la chica, y que, maldita sea, es tan emocionante como parecía entonces. Y continúo pensando y me planteo qué habrá sido de todos los helados de chocolate y de las paellas y del pollo Pantani y del vestido de toalla y de los niños que leen libros en las terrazas de verano. Y cómo no, me empeño en pensar qué habrá pasado con los besos de los hippies.
Me acuerdo de cuando era pequeña y mis padres me llevaban en verano a un pequeño pueblecito de la Costa Brava catalana. Yo no debía de tener más de seis años, llevaba un vestido naranja de toalla y odiaba mancharme del chocolate de los helados que me compraban al volver de la playa. Recuerdo también que la casa que alquilaban no me gustaba nada porque tenía pocos muebles pero muchas ventanas y lo que es peor, no tenía tele, lo que me obligaba a perderme mis series favoritas (por aquél entonces infinitamente más dignas de lo que serían ahora). Y todas las mañanas compraban el periódico, y bajábamos a la playa, y muchos mediodías cuando nos moríamos de calor y ya eran más de las tres de la tarde nos íbamos a comer una paella en el restaurante más auténtico del pueblo, que desplegaba sus mesas a lo ancho y largo de la única plaza del lugar. Nos sentábamos al lado de franceses cincuentones, de familias con niños diversos que me miraban y de parejas a las que yo miraba curiosa, como preguntándome si alguna vez me pasaría a mí algo parecido, si alguien me miraría de la manera que el chico barbudo miraba a su chica que, dicho sea de paso, hacía top less en la arena. Y leía, sobre todo leía, mientras ellos hojeaban el periódico que habíamos comprado antes o veían el final de la correspondiente etapa del Tour, animando siempre al Pollo Pantani, que debe ser el único ciclista creíble que ha tenido la historia de la humanidad ciclista. Y luego por las tardes hacíamos excursiones a otros pueblos o íbamos a la compra o volvíamos a la playa, y por las noches cenábamos en la casa y luego salíamos a tomar una copa de tres bolas por lo menos, de chocolate y de café y no recuerdo de qué más. Y algunas de esas noches estaban en la terraza del bar los niños que me miraban, pero yo casi siempre prefería permanecer atenta a la pareja de hippies, que a esas horas ya se daba cada vez más y más besos.
Ahora me pregunto si aquellos veranos fueron felices y veo que no sé responderme. Quizás lo fueron para mis padres, el último rayo de sol antes de la marabunta que nos esperaba a todos. Y también pienso que ha llovido mucho y que la Costa Brava debe estar igual de bonita pero algo menos brava. Y me doy cuenta que efectivamente, alguien me ha mirado alguna vez como el barbudo miraba a la chica, y que, maldita sea, es tan emocionante como parecía entonces. Y continúo pensando y me planteo qué habrá sido de todos los helados de chocolate y de las paellas y del pollo Pantani y del vestido de toalla y de los niños que leen libros en las terrazas de verano. Y cómo no, me empeño en pensar qué habrá pasado con los besos de los hippies.
¿Será posible...?
¿Será posible...?
Esta ciudad que encanalla a los canallas,
que engalana a los poetas,
que te invita a que te pases de la raya,
de la prisa, de la dulce risa de las letras.
¿Será increíble...?
Esta ciudad que amanece a medianoche,
que regala sonrisas por la calle,
que te presenta al mayor de los fantoches,
artista, supermán… todo un detalle.
¿Será terrible...?
Cae la tarde en Lavapiés,
ya no es tan feo Fuenlabrada,
que alguien sueña del revés,
y hoy nadie va mejor acompañada.
Trescientas cañas después,
dos madrugadas de besos,
y Madrid* se me calaba hasta los huesos…
*como para no bajarse en atocha.
Esta ciudad que encanalla a los canallas,
que engalana a los poetas,
que te invita a que te pases de la raya,
de la prisa, de la dulce risa de las letras.
¿Será increíble...?
Esta ciudad que amanece a medianoche,
que regala sonrisas por la calle,
que te presenta al mayor de los fantoches,
artista, supermán… todo un detalle.
¿Será terrible...?
Cae la tarde en Lavapiés,
ya no es tan feo Fuenlabrada,
que alguien sueña del revés,
y hoy nadie va mejor acompañada.
Trescientas cañas después,
dos madrugadas de besos,
y Madrid* se me calaba hasta los huesos…
*como para no bajarse en atocha.
Hace mucho mucho tiempo (II)
para robarle una sonrisa a miss square.
Hoy hace sol, mi leona,
(lo que no mata hace fuerte)
alma de flor peleona,
olvídate de esa suerte…
Cuando echa a volar esta mariposa,
algunas cosas se pierden,
mas quién vio luz tan hermosa,
bendito perro y qué verde.
Que no te hagan escombros,
que no te dejen las musas,
mientras tú tengas mi hombro.
La tragedia de las muñecas rusas,
tan mágicas, tan especiales,
que no las entienden los mortales.
Hoy hace sol, mi leona,
(lo que no mata hace fuerte)
alma de flor peleona,
olvídate de esa suerte…
Cuando echa a volar esta mariposa,
algunas cosas se pierden,
mas quién vio luz tan hermosa,
bendito perro y qué verde.
Que no te hagan escombros,
que no te dejen las musas,
mientras tú tengas mi hombro.
La tragedia de las muñecas rusas,
tan mágicas, tan especiales,
que no las entienden los mortales.
Hace mucho mucho tiempo,
para sacar una matrícula en crítica literaria sólo hacían falta 2 sonetos.
(I)
Descalabrando el mundo con palabras,
echando un pulso con el desamparo
ni tan vulgar ni loco ni tan caro,
no cerrará las puertas que le abras.
Nocturno lapidado a cuatro manos,
maestro de las rimas consonantes
medio romántico, medio farsante
que puede derribarte los veranos.
Si esta noche no rima sir García
yo le cambio su pluma por la mía
y nadie va mejor acompañada.
¿Don Montero? Eso será poesía.
La fiesta de jugar a la osadía:
catorce versos, lo demás es nada.
(y II)
Si digo poeta digo alfarero
digo Cyrano de noches en vela
digo cantante o autor a capella
digo pirata, verdugo, torero.
Digo compadre, juglar, enemigo
de inviernos en blanco, otoños en vilo
digo artesano, aguja sin hilo,
digo la almohada que duerme conmigo.
Si digo poeta digo monarca
digo pianista de orquesta vienesa
digo creador de los sueños sin marca.
Emperador del imperio del alma
príncipe gris que no lleva princesa,
ven, corazón, a robarme la calma.
(I)
Descalabrando el mundo con palabras,
echando un pulso con el desamparo
ni tan vulgar ni loco ni tan caro,
no cerrará las puertas que le abras.
Nocturno lapidado a cuatro manos,
maestro de las rimas consonantes
medio romántico, medio farsante
que puede derribarte los veranos.
Si esta noche no rima sir García
yo le cambio su pluma por la mía
y nadie va mejor acompañada.
¿Don Montero? Eso será poesía.
La fiesta de jugar a la osadía:
catorce versos, lo demás es nada.
(y II)
Si digo poeta digo alfarero
digo Cyrano de noches en vela
digo cantante o autor a capella
digo pirata, verdugo, torero.
Digo compadre, juglar, enemigo
de inviernos en blanco, otoños en vilo
digo artesano, aguja sin hilo,
digo la almohada que duerme conmigo.
Si digo poeta digo monarca
digo pianista de orquesta vienesa
digo creador de los sueños sin marca.
Emperador del imperio del alma
príncipe gris que no lleva princesa,
ven, corazón, a robarme la calma.
jueves, 28 de enero de 2010
la música
"La música, la de verdad, no suena, te atraviesa el cuerpo de parte a parte."
de Deseo de ser punk.
Y el fuera de juego es evidente...
de Deseo de ser punk.
Y el fuera de juego es evidente...
martes, 19 de enero de 2010
martes 11:32
esta mañana toca desarrollar conceptos, pensar ejecuciones, escribir guiones.
clavar cierres, como si fueran clavos. o triples en baloncesto. como si algo de todo esto fuera a arreglar el mundo.
el entusiasmo, cuando lo hay, es momentáneo. diría más: infinitesimal.
pensándolo con claridad este teclado de oficina es sólo un sucedáneo de la verdadera historia. qué manera de gastar el tiempo para no enfrentarse con la realidad: la mediocridad, que además de joder rima. si uno se esfuerza a muerte en hacer algo cabe pensar que tiene alguna posibilidad de conseguirlo. el problema es si directamente no se esfuerza.
salgo a fumar, pensando, como todos los días, que estoy fumando demasiado.
es que hoy ni siquiera creo que estoy cumpliendo mal y tarde. si me propongo no engañarme (ni a ti) debo admitir que no estoy cumpliendo en absoluto. ¿cuando me entre el apuro será demasiado tarde? es probable. sobre todo teniendo en cuenta que no sería, ni de mucho, la primera vez.
soy egoísta y me consuelo pensando que tú tampoco lo estás haciendo tan bien. cuánto desapego, cuánta traición a la ternura a las palabras de amor a las cartas cruzadas a los ojos de esta niña a todas las canciones que pusimos por bandera. ¿dónde nos va a llevar todo esto?
otra vez se me olvidó que no puedes responder.
clavar cierres, como si fueran clavos. o triples en baloncesto. como si algo de todo esto fuera a arreglar el mundo.
el entusiasmo, cuando lo hay, es momentáneo. diría más: infinitesimal.
pensándolo con claridad este teclado de oficina es sólo un sucedáneo de la verdadera historia. qué manera de gastar el tiempo para no enfrentarse con la realidad: la mediocridad, que además de joder rima. si uno se esfuerza a muerte en hacer algo cabe pensar que tiene alguna posibilidad de conseguirlo. el problema es si directamente no se esfuerza.
salgo a fumar, pensando, como todos los días, que estoy fumando demasiado.
es que hoy ni siquiera creo que estoy cumpliendo mal y tarde. si me propongo no engañarme (ni a ti) debo admitir que no estoy cumpliendo en absoluto. ¿cuando me entre el apuro será demasiado tarde? es probable. sobre todo teniendo en cuenta que no sería, ni de mucho, la primera vez.
soy egoísta y me consuelo pensando que tú tampoco lo estás haciendo tan bien. cuánto desapego, cuánta traición a la ternura a las palabras de amor a las cartas cruzadas a los ojos de esta niña a todas las canciones que pusimos por bandera. ¿dónde nos va a llevar todo esto?
otra vez se me olvidó que no puedes responder.
tormentos y atormentas.
como quien pierde su brazo derecho,
como el paraguas que se extravía en un temporal
como quien nada en un mar de deshechos,
mal, como él, lo has vuelto a hacer fatal.
como los gritos que no se hacen oír
como quien desaprovecha su única oportunidad
como quien patea a conciencia la felicidad
como quien sólo aprendió a morder y a sufrir.
donde los hombres que nunca supieron querer
pierden el rastro entre un mar de ramas
donde se separan para siempre estas dos camas
y la lucidez se larga y no piensa volver.
como el paraguas que se extravía en un temporal
como quien nada en un mar de deshechos,
mal, como él, lo has vuelto a hacer fatal.
como los gritos que no se hacen oír
como quien desaprovecha su única oportunidad
como quien patea a conciencia la felicidad
como quien sólo aprendió a morder y a sufrir.
donde los hombres que nunca supieron querer
pierden el rastro entre un mar de ramas
donde se separan para siempre estas dos camas
y la lucidez se larga y no piensa volver.
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